Pablo de Tarso, lumbre farisea
en ardores de celo enfebrecido,
acosado de luz está caído
de su caballo humano en la pelea.
Con temblor de palabras balbucea
una torre de amor recién nacido,
Pablo es así un río decidido
de sangre hacia la luz que sienta y vea.
Acusando a su vida en pleno centro,
ciego de oscuro llanto, pena y vaga.
La voz de Dios le llueve mansa, dentro.
Nace un árbol de luz en plena llaga.
Palabra y sangre dona en este encuentro:
“Señor Jesús ¿qué quieres que yo haga?”.