Quiere Dios que las aguas de tu río
inunden los desiertos de la vida.
Quiere Dios que la sangre de tu herida
no cese de brotar sobre este frío.
Porque hace frío, Pablo, mucho frío
de viles cobardías en huída.
Hay un mundo que sigue deicida
y otro mundo que cree, pero sin brío.
Quiere Dios tu palabra en este oscuro
siglo de luz artificial y yesta.
Quiere tu gesto, tu mirada cierta,
tu esperanza clavada en el futuro.
Árbol de sangre y llama en este suelo
elévanos ahora desde el cielo.