Y quiso Dios tu cuerdo y loco empeño
de sembrar el amor en los hermanos
quiso tu cuerpo enfermo, tus dos manos
callosas de sudores y de sueños.
Quiso tu corazón, todos los leños
de tus viajes ardiendo por los llanos
o pendientes caminos infrahumanos.
Quiso el Señor tu cuerdo y loco empeño.
Pablo de Tarso, amigo, tú ascendiste
a la cumbre de amor que describiste
a los corintios hijos de tu hondura.
Hoy llagado el amor por la materia,
necesitamos tu palabra seria
para ascender, de nuevo, hacia la altura.