Le dolían a Dios esas piedades
con vanidad de cardos mordedores.
Le dolía el cinismo y sus fulgores
devorando la ley con vaguedades.
La caridad, verdad de las verdades
es la ley, los profetas y doctores.
El Padre es caridad y siembra flores
distintas en aromas y en edades.
Clausurados vivís. Sois la costumbre,
las fórmulas heladas y agresivas,
rosas que desprendidas de la cumbre
y en áspero rodar siempre cautivas,
hieren a Dios, huyendo de su lumbre,
emancipadas hachas fugitivas.