Triste de cobardía se retira
para no desgajarse en el fracaso.
Es el sol dolorido del ocaso
que en la violeta del poniente expira.
Exige mucho Dios. Cuando nos mira
nos pide todo, nos desnuda al raso
para que avance más en cada paso
este cuerpo tan grave que nos tira.
Y el joven se alejó. Y algunos pobres
siquiera pernoctando en las salobres
cavernas de miseria efervescente.
Nunca supieron ellos que en su herida
estuvo a punto de sembrar la vida
un casto corazón adolescente.