Entre serpientes vamos de camino
alzando el plomo de este cuerpo inerte.
Sólo en el corazón la hiel nos vierte
en triste mar de oro amargo y fino.
Donde la fe, Señor, nuestro destino
en la tierra sellada con la muerte
en temblor de murciélagos convierte
este impulso de alas tan cansino.
A veces uno por la sangre siente
la triste realidad de la serpiente
ensayando la curva de su anillo.
Nuestra garganta lanza su lamento
hay una flecha más prendida al viento
y otra fuente se mancha de amarillo.
