Siempre gozar tu abrazo de ternura
en piedra dócil, firme, iluminada.
Derramas en tus surcos mi llamada
hecha raíz nutrida de tu hondura.
Siempre escuchas a Dios que te murmura
confidencia de luz en la alborada.
Siempre curas mi carne tan llagada
con plegarias de mística estatura.
Contigo ser, vivir, buscar estrellas,
enterrar en tus surcos este trigo
que fecunda la sangre de mis huellas.
Quiero ser a tu puerta fiel mendigo
de este silencio virgen con que sellas
mi poema gozoso de testigo.