2/9/23

SOBRE LOS ATEOS II

 


 




 




Clausuráis vuestra puerta con cerrojos

de hielo artificial, sabios inviernos

sobre los doce meses de la esfera.

 

Las palomas no anidan y se mueren

en vuestro palomar, pero ¿qué importan

esos montones blancos de palomas?

Otra montaña más de nieve

sobre el paisaje inútil de la vida.

Otro vellón de nubes desmayado,

otro chorro de flores apagado

otro cadáver más del crudo invierno.

 No puede nacer Dios, no tiene aire.

Pero Dios nace, nace en el latido

de vuestro mismo corazón enfermo.

 

Y otros pájaros quedan no alcanzados

por el disparo corto del sentido.

Otros besos de flor a las pupilas.

Otro manso galope de montañas.

Otras naves azules avanzando.

Otros niños que nacen y otras madres.

Otras estrellas a donde no llegan

la astronave del hombre y sus microbios.

 

Y ¡tan fácil sería derribar

vuestra torre de hielo monosílabo!

“No” proclamáis en frío martillazo

al mismo sol sobre el cristal del mundo.

 

Y, aunque no muere el sol, quebráis sus rayos

en pedazos que hieren las pupilas.

Dejad, artistas del metal más negro

vuestro trabajo estéril. Nadie puede

comprimir el espacio en una estatua

ni avasallar la eternidad en horas.

Apagad vuestra sed con otras aguas;

jamás se saciará la nada erguida.

 

Y, por si un día, hermanos, no os reís

de mi sangre de fe, por si estáis vivos

a unos gramos de amor, sabed que sufro,

lo repito de nuevo, me gravita

vuestra sangre en difícil equilibrio

cuando lloráis la fría navidad

de nuestro niño muerto de razones.