El alba. La Velilla. Y en la altura
un fósil de alma palpitante y vivo.
Tu castillo, Pedraza, ya cautivo
de tanta paz sin lucha ni angostura.
Es tu noble señor; en su armadura
resplandece su porte primitivo.
Todavía se yergue dueño altivo
del bosque, la vereda, y la llanura.
Es que sabe que es, y así muriendo
grita su ser, declama su victoria;
esa victoria y ser de un casto anhelo
en pro del ideal morir venciendo.
Y al coronar la cumbre de la gloria,
rendirse a Dios y descansar del vuelo.
