Muy bien. Así. Condimentando el sueño
con barriles de fe. Como en aquella
edad en que naciste y cuya huella
grabada en ti como en su dueño.
Porque eres sólo eso: pétreo empeño
de titilar lo mismo que una estrella;
y te desgarras de que vence ella;
y te quieres morir fruncido el ceño.
Todo inútil al fin, porque tus muros,
muros son nada más. Nunca han logrado
arder como los astros. Pero calma.
Sabes de vuelos y galopes duros.
Y volar es arder más refinado.
Volar es más que arder. Volar es alma.