Tus paredes de piedra se humanizan.
Tus ojivas abrazan la plegaria.
Toda tú te devanas luminaria
en fervores de velas que se rizan.
Flechas de luz y sombras rivalizan
para tejer tu paz hospitalaria.
La mirada florece solidaria
y una invasión de vuelos fraternizan.
Eres tan clara, tan esbelta y pura;
tan corazón abierto a la ternura
como “dama” gentil de catedrales.
Con los nervios floridos de tus piedras
bordas sonrisas y perennes yedras
ampliando Sus Brazos Maternales.