Bosque, cielo y arroyo, paz salvaje
que acaricia los ejes de tus horas
para que guíen suaves, mientras lloras
torneos de señor, vuelos de paje.
Ya dejaste de ser mudo en el viaje
que tornaba las noche en auroras.
Hoy no anidan princesas soñadoras.
Sostiene tu vereda otro tatuaje.
Es nostalgia diseñada en piedra.
Eres castillo arra; pero de hiedra,
la hiedra que te cerca y que te besa
y congela tu voz y la aniquila.
Resígnate por fin. Tu alma esta presa
del siglo de la luz, duerma tranquila.
