Es triste vuestra vida: Hay polvo.
No muchos lo ven; pero hay polvo.
Lo respiráis
en lenta asfixia
hacia la angustia.
Levantáis polvo.
Cultiváis polvo
locos de polvo
edificáis manicomios fáciles
para quien no se resigna a morir
de polvo.
Yo no me resigno a morir
yo-profeta de aire serrano por las venas
tengo vocación de vivir.
Dejad que viva
en el manicomio
del sol, del aire inmortal,
de la fe.
Pero no seré una isla, no quiero escapar;
respiraré vuestro polvo invierno
por si la primavera
en otro milagro…
os nace.
Tal vez la llama…
Pero es de noche.
Me obsesiona la noche voluntaria
del polvo.
Sobre todo por los niños
tiernos pulmones condenados
a no nacer al hondo
respiro de un cielo
azul.
Ellos ¿qué han hecho? Decid.
No supisteis su frágil impulso
de alas, sólo porque vosotros
tenéis el alma llagada
para el vuelo.
Sólo porque vosotros
os creéis
sobre su luz.
¿Por qué? decid, ¿por qué?
Ni siquiera la razón
os lo puede dictar:
¿qué es más razonable?
¿anegarse de materia
inexplicablemente existente,
o iluminarse a la luz
explicablemente indefinible?
Ese polvo
es el signo más claro
de raquitismo intelectual,
o de cadáver que anda
a invisible latido
de orgullo.
Por ellos.
Al menos, por ellos
abrid vuestro corazón a su sangre
para sonreir al aire
de Dios.