17/10/23

PINO REBELDE

 



 





¿Eres tu el pino, cuya sombra

se brindó a mi cuerpo cansado

de sudar?

 

¿Dónde está tu pájaro místico llamándome?

¿Dónde la música de tus ramas

peinándose a la brisa?

 

¿Por qué ha muerto tu primavera?

Ya sé. Muerto, sigues hablando.

Te quejas de que no puedo llegar a ti.

Quizá por eso has muerto.

Hay paredes.

Rebosa piedras simétricas

y premeditadamente agresivas

el cordial egoísmo de los hombres.

 

Te aburriste ¿verdad?

Tu dueño legal

dormitaba mecido por el orgullo de poseerte,

en el casino de la ciudad.

Te rebelaste.

Preferiste morir a estar

acotado, a no sentir el

color de mi corazón pobre,

desnudo de tierra.

Paredes. Las paredes te han asesinado.

Las paredes que brotaron sus títulos, sus derechos.

Ha muerto lenta y deliberadamente tu poesía

por si el médico poeta de la historia

certifica: “falleció”

de soledad, porque clamaba

y nadie podía oír su voz;

había paredes.

 

Acortaron su luz

para alguien poder decir

a kilómetros de distancia: “es mío”.

Su dueño legal nunca lo

acarició con la mirada. No sabía.

Los años que pudo sostenerse

fue gracias a los niños.

Ellos furtivos cazadores

de primaveras,

no respetaban la

propiedad privada.

Y sus manos impacientes

acariciaban, a veces, su misterio.

 

Por eso cuando las paredes

se hicieron más agudas

de cristales cortantes

y las carabinas de los guardas

más omnipresentes,

todo enterró la voz de su misterio.

¿Quién habla en ti, pino,

clamando justicia?