18/10/23

CAMPO INVADIDO

 



 

Es la tarde

en una de tantas primaveras.

El silencio

se deja atravesar

sonriendo

por las estelas de luz sonora

que lanza el gorjeo juguetón

de los pajarillos,

o el leve sonido de los arroyos en caricia musical,

o algún grillo precoz

que empieza a nacer la noche.

 

De repente

el campo se recoge

invadido

por el monstruoso balbuceo técnico

de una radio

que vomita un chorro

de palabras humanas.

 

Se ha parado un automóvil.

Dentro de él, sus ocupantes

cierran los ojos,

para dejarse inundar, por los oídos,

de “estadio”,

“áreas de juego”,

“guardametas”.

 

Un momento les atrajo la idea del campo;

pero por si el aburrimiento,

se llevan repuesto de ciudad.

También ellos gritan: “Gol”.

Es contagiosa

la emoción aserradora del silencio humilde

que se retira más allá

con sus aves anacoretas.

 

Ha vencido la ciudad: ya no hay campo.

¡Victoria! Nuestra cultura

avanza hacia el vacío

de grillos y de pájaros,

hacia la plenitud

de la bulla,

monstruo sin ojos que repta

prodigando el milagro

de convertir las flores

en ceniza.

 

¿Dios?

Pero ¿cómo se os ocurre mencionarle?

Es de la época

de los pájaros,

de los arroyos,

y de los grillos

Entonces era tarde o, a lo peor, de noche,

pero ahora ¡éxito cerebral!

arden las cenizas,

¿qué falta nos hace

la luz de Dios?

 

Yo, sin embargo, mendigo de la palabra campestre,

me voy con los

pájaros anacoretas,

y con el silencio verde

que habla esperanza.

 

Y no soy enemigo del fútbol, ni de…;

pero respeto las fronteras pacíficas

de la hondura

y me da miedo la cómoda situación de los apoyos humanos

que brota la

superficialidad.

 

Dios está más al fondo. Y yo tengo

palabras para deciros donde,

pero está.

Y una vez hallado nos acompaña

al fútbol. El es el futbolista

y el torero

y el bailarín;

pero a la hora exacta

de la luz

sin divorcio de pájaros poetas,

a la hora exacta

de la amistad,

sin pactos unilaterales

que acoracen el “yo”,

a la hora exacta

del amor

sin congoja de ingratitudes,

a la hora exacta

de la eternidad

con Vida.

¿Por qué nos molesta la mano que se brinda

a nosotros peregrinos? ¿hacia dónde?