Remando voy. Espera Madre mía.
Es negro el mar. La atmósfera de acero.
Tengo sed. Dame un trozo de lucero.
No sé llorar ni arder, ni ver de día.
¿Dónde está Él? Huyo con mi alegría.
Sin alas y sin voz, espero…espero…
que me hiera otra vez por compañero
y florezca de nuevo mi sangría.
A ver si galopamos paralelos
las estrellas y yo, porque me mata
no encontrar una espina que me hiera.
Quiero más Dios, más alma, más desvelos
para llegar…llegar donde no ata
la opaca luz o el hombre de la fiera.