“…y al que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen en mí…” (Mt 18,6)
I
Y se mancha la luz de tus amigoslos niños. Interrogan con los ojos
si el aire de la vida tiene rojos
de sangre los suspiros; si los trigos
de la bondad son reyes o mendigos;
si nacen con derecho los abrojos;
si un excesivo salto dejó cojos
a los ciervos de amor; si no hay testigos
de la mano de Dios entre las rosas.
Los ojos de los niños nos inquieren
la razón de barrer luna y estrellas.
Despistados, heridos por las cosas
adultas de los hombres, se nos mueren
ciegos de polvo frío como ellas.