12/2/21

ESCÁNDALO

“…y al que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen en mí…” (Mt 18,6)

I

Y se mancha la luz de tus amigos

los niños. Interrogan con los ojos

si el aire de la vida tiene rojos

de sangre los suspiros; si los trigos

 

de la bondad son reyes o mendigos;

si nacen con derecho los abrojos;

si un excesivo salto dejó cojos

a los ciervos de amor; si no hay testigos

 

de la mano de Dios entre las rosas.

Los ojos de los niños nos inquieren

la razón de barrer luna y estrellas.

 

Despistados, heridos por las cosas

adultas de los hombres, se nos mueren

ciegos de polvo frío como ellas.

 II

De los ojos del niño te dolías

como de flor nacida entre la nieve,

como de gota de agua que se llueve

en estiércol inmundo. Tú sabías

 

de mucho asesinato de alegrías

sólo porque lucieran esa leve

sonrisa de inocencia que se atreve

a reflejar a Dios. Tú ya sentías

 

el hedor derramado en sus aromas,

el adúltero robo de palomas,

la noche cultivada en su conciencia.

 

Por eso pronunciaste dolorido:

“Cuanto mejor sería no haber nacido

antes que herir sus ojos de inocencia”.