“Condúceme, ¡oh Dios! por sendas de eternidad” (Ps. 139)
Señor, esculpe en mi inteligencia sendas de eternidad.
Que mi pensamiento supere las leyes físicas de la materia.
Que se remonte, con dimensiones metafísicas, a la intuición jubilosa
de tu Verdad solidísima e inefable.
Que advierta, en los seres creados, la cálida señal de tu llamada.
Que sepa leer en las flores, en las estrellas,
en las hierbas humildes y en las rocas verdeoscuras…
Que tu Presencia, no tangible, me envuelva y me penetre.
