En la oscura tiniebla del cinismo
crece el hombre al revés de tu aurora,
se nutre ávidamente de sus horas
vacías de Ti y llenas de sí mismo.
Y en todo su misterio hacia el abismo
se coloca su amor. Llamas, imploras
-cálido ruego- en lágrimas que lloras
sobre el rocoso y ciego fanatismo.
Señor, terminarás crucificado
y seguirás llamando enamorado
con palabras de sangre mansamente.
Alguien responderá. Tal vez el loco
corazón que te habla: Poco a poco
sajado hacia la luz será luciente.