MESONEROS DE BELÉN
“…y Le acostó en un pesebre, por no haber sitio para ellos
en el mesón
” (Lc. 2, 7)
Apenas puede nacer Dios: no encuentra lugar.
Y necesita poco: sólo un establo
con manchas húmedas y grietas
por donde se asomen las estrellas;
sólo algún corazón sin peso metálico y con alas de ternura;
sólo la cálida disponibilidad de un pesebre con pajas de silencio.
Pero, hoy, escasea lo sencillo: ese territorio del hombre
donde la sonrisa, carente de mentira,
cultive parques de convivencia con niños;
donde la palabra -nunca hiriente- articule confidencias;
donde las manos y las miradas construyan hogares…
