La Esperanza, Madre, anidó en Ti como en un nido cálido.
Sola salvaste, más de una vez, la Esperanza.
Te hirió el misterio, Te hirió la Noche, Te hirió el desvelo,
pero salvaste la Esperanza.
Se refugió en Ti la Esperanza,
cuando todos, hasta los amigos de tu Hijo,
la abandonaron ultrajada.