Se reclina tu ermita en el paisaje
pardamente nutrido de silencio.
Un abrazo de zarzas inocentes
custodia tu color de niña pobre.
Las alondras que cantan a tu lado
cobijan el poema de tus alas.
Hay tomillos antiguos que no cesan
de revestir la parda pesadumbre.
Hay filones de cuarzo que se hermanan
con granitos austeros y desnudos.
Así latió tu pueblo, Basardilla,
cuando soñó tu nombre, PEDERNAL.
Con tus ojos enciendes la esperanza.
