Digo sí a tu Reinado en mí,
porque digo sí a la hermosura de las flores;
a la reciedumbre de los montes;
al candor de los niños
y a la generosidad espontánea de las madres.
Tú reinas en mí
como un gozo inefable,
como la corteza feliz que se enseñorea de la inteligencia;
como la calidez de la ternura brizando maternalmente;
como la sencillez que nunca intimida;
como la virginidad que virginiza;
como el dolor que fecunda;
como el silencio que se confidencia.
