Abre, Señor, tu corazón divino
a mi pobre existencia desvalida.
Gime mi carne rota y dolorida
anhelando la luz de tu camino.
Lávame del vacío y la tristeza.
Límpiame de mi sangre lastimada.
Se que soy pecador: sin tu mirada
desnudamente siento mi pobreza.
Está siempre delante de mis ojos
el hueco de tu ausencia y tu
ternura.
Lloro desamparado mi locura
en la cárcel cruel de mis antojos.
