ME DEJARÉ ENCONTRAR
que busca cobijar a sus pollitos.
Antes de que existiera en esta carne
con alas inmortales,
Tú me buscabas para hacerme firme
en el ser y existir de tu cariño.
Ha sido tu deseo y tu mirada
el origen de mí.
Ahora que soy
solidez de presencia irreversible,
sigues buscando encuentros para darme
tu Plenitud de Vida sobre el tiempo.
Me buscas envolvente
en las mil dimensiones de los seres:
Veredas verticales en los pinos…
Senderos luminosos en las flores…
Llamadas en las músicas de arroyos
y en el hondo gemido de los vientos…
Me buscas en mi sangre. Me renuevas
en la respiración de cada instante.
Me cercas en silencio desde dentro
y en alarido cuando me extravío.
A veces, el dolor de tu llamada
se hace grito de madre
al perder a su hijo desvalido.
Y yo, Señor, jugando al escondite
como si fuera niño revoltoso.
Me oculto en las esquinas de mi sombra.
Excavo hoyos y con barro mío
entierro mis miradas y las tuyas.
Me dejaré encontrar. Diré a las flores
que se queden conmigo entre sus pétalos
para que Tú me halles.
Emitiré palabras o latidos
sembrando mi presencia entre los seres
dándote pistas para que me encuentres.
Señor, quiero ser libre y calentarme
en el hogar que Tú me has encendido.
Hace frío en mí mismo sin tu Vida.
Siempre atardece cuando no Te siento.
Me dejaré encontrar como pollito
que goza el hueco cálido y materno
de tu Amor Increado que no cesa.
(Ruinas del Monasterio de Santa María de la Sierra, 24 Mayo 1986)