“Condúcenos ¡oh Dios!,
por sendas de eternidad.” (Sal. 139, 24)
Señor, esculpe en mi inteligencia sendas de eternidad.
Que mi pensamiento supere las leyes físicas de la materia.
Que se remonte, con dimensiones metafísicas, a la intuición
jubilosa
de tu Verdad solidísima e inefable.
Que advierta, en los seres creados, la cálida señal de tu llamada.


