Y SONRIÓ ADÁN
de unos ojos distintos encendía
su sangre humana y sola, revivía
su poema enterrado en cada cosa.
“Gracias -dijo- tu mano generosa
ha cincelado en carne la armonía
de la tierra y el cielo a mediodía.
Era mi sueño vivo de la rosa”.
Y le llamó mujer. Y escribió el nombre
en la llama de todas las estrellas,
en el beso de todas las riberas,
en la noche y la nieve de todo hombre.
y repetía Adán: “Gracias, son ellas
-niño en amor- humanas primaveras”.
