16/9/21

FILIACIÓN VIVIDA EN LA IGLESIA


 

Tu Ser de Padre había de cuidarnos

con desvelos de detalles maternos.

Los hombres somos demasiado niños

siempre para vivir fuera de un hogar

cálido y seguro.

 

Por eso quisiste que tu Hijo fundara

la Iglesia como lugar en donde tu

Presencia de Padre se palpita.

 

Cuando la ignorancia o los prejuicios

devoradores siembran sospecha y desconfianza

en la Madre Iglesia, el hombre queda

huérfano, a la intemperie de la soledad

y la mentira disfrazada de liberación.

 

Necesitamos sólidas certezas sobre Ti,

sobre el hombre y sobre el mundo

para saber quienes somos y hacia

dónde vamos.

 

Necesitamos cálida mano que nos

lleve por caminos morales buenos y seguros.

Necesitamos vida tuya comunicada en los

Sacramentos que nos vivifique y nos renueve

permanentemente.

 

Necesitamos hogar, familia de hermanos

que Te llamen Padre.

Tú estás en la Iglesia cuidándonos

con desvelo de Madre.

 

En Ella, tu Hijo nos lleva

permanentemente a Ti.

Nos nace en el Bautismo. Nos

crece en la Confirmación. Nos cura

en la Penitencia. Nos nutre íntimamente

en la Eucaristía. Nos provee

de hermanos en el Matrimonio.

Nos orienta y vitaliza en el Orden

Sacerdotal. Nos alivia, sosiega y

abraza con abrazo eterno en

la Unción de los enfermos.

 

La Iglesia nos cuida y madura

para Ti, porque Tú nos cuidas

y maduras en ella.

 

Yo, Padre, me siento feliz

como hijo de la Iglesia,

porque sólo ella me da la

seguridad de que soy hijo tuyo.

 

Amo a la Iglesia, porque

amo mi filiación de Ti.

No estoy encarcelado en la Iglesia:

ella me da la libertad de saberte y amarte.

Ella me ilumina, cuando la

confusión intenta agrietar el

gozo de mis certezas.

 

Ella me orienta como Maestra,

Ella me perdona como Madre,

Ella me alienta como

Mamá diligente.

 

Gracias, Padre, por ser tan Madre

en la Iglesia, Madre.