24/2/22

CUANDO REPARE DIOS EN LAS MANOS DEL HOMBRE (Introducción)

 


 






“Como el Padre me amó, Yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor.

 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor…” (San Juan, 15,9)

 

Apenas se da cuenta

el Hombre

de que Dios va a reparar

en sus manos.

 

Y Dios se lo recuerda cada vez que otras manos,

en otro tiempo como las suyas,

sólo desean

la caricia de un bastón

de anciano;

cada vez que otros ojos,

nublados por la ceniza del tiempo,

son heridos

por el fulgor que les hechizaba;

cada vez que otros pies, anhelantes de reposo,

vacilan al caminar

y renuncian a la urgencia de la velocidad metálica;

cada vez que otro corazón,

que también fue feliz hoguera,

da su último y definitivo latido

en este mundo.

 

Pero el Hombre

apenas se da cuenta.

 

Aquel día final su conciencia impregnada por la luz divina,

se erguirá como una lanza

y le obligará a contemplar

sus manos de sembrador

sobre los diez surcos de su vida

preguntándole: “¿Dónde está tu trigo?”

Entonces sólo hallará la paz

si puede contestar.