27/2/22

CUANDO REPARE DIOS EN LAS MANOS DEL HOMBRE I

 





“Yo, diminuta materia pensante,

yo, chispa de eternidad sobre las alas impalpables del espíritu,

he pronunciado cordialmente dos palabras: PADRE, HERMANOS”.

 

Yo no he sabido más;

pero mi dolor

pronunciaba estas palabras

y también las pronunciaba

mi alegría.

 

Yo, Señor, Te he amado

en todas

y sobre todas las cosas.

 

Esta ha sido mi burla muchas veces,

porque se reían de mí los hombres cuando,

jubilosamente,

traducía el idioma

de las flores y de las mariposas,

de los leones y de las liebres

al Amor.

 

Yo notaba en la hondura del ser

tu latido.

Saboreaba que todos los seres,

encendidos por tu mirada cálida,

eran versos

del magno poema

de tu Creación.

 

Versos inéditos, hasta que

nosotros los hombres,

con mirada receptiva,

contemplativa,

asimiladora, aprendiéramos a decir

“GRACIAS”.

 

Yo he dicho, digo

“GRACIAS, AMOR”.

Yo he editado, edito

el poema de tu creación.

Te he amado, Señor,

he aquí fecundo el surco central de mi vida:

AMARTE.