28/2/22

CUANDO REPARE DIOS EN LAS MANOS DEL HOMBRE II

 


 







Tampoco se halla estéril mi segundo surco.

Yo, Señor, al pronunciar DIOS,

he sentido un cálido galope en mi sangre

y una filial seguridad

en las columnas de mis huesos.

 

Tu Nombre

brizaba mi sueño,

Tu Nombre

erguía mi trabajo.

Era la raíz de mi alegría

tu Nombre.

Y tu Nombre

me resucitaba en el dolor.

Ahora mismo

tu Nombre

alimenta la carne de mi palabra para hablarte.                                                          

Ceñido por tu Nombre

Te pronuncio,

Te noto,

Te declamo,

Te manuscribo.

 

Y sé que no eres flor de mi sueño o de mi grito,

sino Presencia

que me hospeda,

que me escudriña,

que barre mis sombras.

Yo, Señor, inundado de tu Nombre-Luz,

veo,

me dejo invadir por los colores,

en feliz abandono

de ser viviente.

 

Y ahora, Señor,

que reparas cálidamente en las

manos de mis labios,

invoco tu Nombre

para que me entronices

en la alegría perpetua

de pronunciar primaveralmente

tu Nombre,

para que me envuelvas

con el abrazo amorosísimo de

tu Nombre.

 

No tomé

tu Nombre

en vano;

está pleno de vida en mí

TU NOMBRE.