Salvaré mi amor a Ti, sobre todas las cosas.
Arrancaré los egoísmos que se adhieren como
parásitos a las alas de mi corazón.
En la escala de mis preferencias, serás Tú el
más alto, Señor. Perdón: serás el Único,
porque todo lo demás, sin Ti carece de
entidad y de sentido para mí.
Te amo Señor.
Me llamo “Amor a Ti”, como las flores
se llaman “hermosura de pétalos y aroma
agradable”.
Tu amor impregna mi ser y mi existir
como la lluvia serena recala la tierra
saturada y la hace fértil.
Vivo siendo criatura libérrima y agradecida
en el amor sin penumbras a Ti.
Ya sé que eres Tú, quien me amas tanto
al amarte yo en mi totalidad.
Desearía ser todos los seres que brotaron
y brotan de tu Mano, para amarte.
Desearía pensar y latir en todas las
conciencias inteligentes y libres
para decirte: Vida mía, Te amo. Poséeme.
He superado la pobreza de mis pecados;
la pobreza de mis limitaciones;
la pobreza de mis temblores
en Tu amor.
Nada, ni nadie me arrancará de quererte.
Me fío de Ti, como el niño que
duerme seguro en los brazos de su madre.
Tú eres mi alimento
mi respiración
mi salud, mi paraíso.
Te amo, Señor. Mi nombre es “Te amo Dios mío”.
Cuando pienso que no soy digno
de habitar en el hogar de tu cariño
y, sin embargo, Tú me regalas estos
pensamientos y estos sentimientos,
todavía crece más
el asombro, la fascinación, la palabra
de todo mi ser hecho amor.
Gracias, Señor, por este paraíso anticipado
de quererte sobre todas las cosas,
He superado y estoy superando la muerte
con este sobrevuelo de amor.
Cuando desaparezcan “esta cárcel y estos
hierros” del tiempo y del espacio
seré plenamente feliz
hermanándome con la voz unánime
de la creación recapitulada
para amarte siempre
sobre todas y en todas las cosas.
“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas” (Mc. 12,30).
(Segovia - 10 - Julio -1989)