En tu cuerpo de rosa consumada
un látigo de ira se desploma.
Virgen Bendita, cándida paloma,
¿Quién flagela tu carne inmaculada?
Surcos de sangre cruzan tu mirada.
Tu llanto maternal fluye y se asoma
vuelto brisa que besa con su aroma
la carne de tu Hijo flagelada.
Hazme sentir las iras del pecado
y siembra tu cariño en mi costado
para ser como Tú trigo fecundo.
Decórame con surcos redentores
ascético vergel de lindas flores
para Jesús, el Salvador del mundo.
(El inmaculado cuerpo de Jesús, nacido de su Inmaculada Madre,
es cruelmente azotado. La Virgen siente y sufre los golpes más que
si los recibiera Ella misma. Y crece su cariño materno. Y nosotros
huimos de cualquier rigor ascético que nos da crecimiento. Pedimos
a María reciedumbre para crecer en amor).