5/3/22

CUANDO REPARE DIOS EN LAS MANOS DEL HOMBRE VI y IX

 

 

Y labrados están

en carne dolorida

el sexto y el noveno surcos.

 

Todavía derramo

gotas ascéticas de sudor y de sangre

para fertilizarlos.

Arranqué las hierbas que brotó

la imaginación de mi adolescencia.

Gasa de nube,

impedí que los rayos destructores

del sol de la pasión

ahogaran en su fuego la tierna planta

del amor.

 

He sabido amar

en ese difícil y sacrificado amor

entre hombre y mujer.

 

Supe que la vida afectiva y la vida sexual, tan ultrajadas,

eran maravillas tuyas,

delicadas flores que, a cualquier soplo de lujuria,

morían.

 

Y Te dije “gracias”

por la luz hermosa de los ojos de la mujer,

por la forma de su cuerpo, cálida cuna para tus amigos

los niños.

 

Pero sufrí mucho

cuando alguien jugaba con el corazón de la mujer

como con una pelota juega

un perro;

y cuando la misma mujer

alquilaba la cuna de su maternidad

para guarida de reptiles.

 

Sufrí para labrar con detalle

mi sexto y noveno surcos;

pero aquí está su fruto: mis hijos.

Tengo muchos hijos niños

que reflejan su sonrisa

de amor.