Ya sólo me falta darte cuenta de un surco:
el labrado con mi palabra.
Mi palabra, efusión de mi carne,
enlazó mi vida con tu Vida y con sus vidas
en la amistad.
Sí, he pronunciado la palabra “amigo”
hasta los límites de convertirla en tópico. Pero Tú sabes, Señor,
que nunca ha sido tópico en mis labios.
Siempre dije: “Amigo”
y me sentí feliz al intercambiar nuestra sonrisa.
Y he llorado - sin advertirlo ellos -
por mis amigos.
Les he guardado secreto
para curar sus llagas
ocultamente.
Porque mi palabra, Señor,
nunca fue falsa, enmascarada, hipócrita;
nunca fue sepulcro blanqueado;
mi palabra pronunciada “pan”
y respondía una hogaza reciente de mi ser;
pronunciaba “vino”
y respondía la bodega con solera de vino añejo
de mis más íntimo júbilo comunicativo.
Y mi palabra, Señor, a veces
se hizo verso,
tan verdadero,
tan necesario,
que los niños jugaban calentados por su lumbre
y hasta algunos mayores, enfermos
de cálculo acerado,
se pusieron a excavar en sus entrañas
y descubrieron jardines inéditos
y pájaros queriendo nacer.
He hablado, Señor,
para decirme vivo,
para ser viviente interlocutor
de vida.
He hablado, Señor, rezando
para beber de Tu Vida,
para embriagarme de Ti
y verterme a los demás
en mi palabra.
Fui amigo como Tú deseabas
y logré crear amistad
florecida en amigos.
Helos aquí, ahora, testigos en mi defensa:
están todos los que se cruzaron en mi camino.
Señor, ya no tengo más frutos en mi parcela, pero
ni un solo milímetro
es estéril porque
hasta los labios poéticos de mis amapolas espontáneas
besan Tu Rostro.
Hasta mis pecados, mis defectos, mis límites,
como gusanillos en el leño seco de mi existencia,
han ardido,
están ardiendo conmigo para quererte
en el Hogar de tu Amor.
Escribí
con sangre
y con sangre enamorada y dichosa
rubrico
el libro
de mi vida.
Sólo esta respuesta
donará la paz
al hombre,
porque sus manos rebosarán
plenitud,
los surcos de su parcela
habrán sido fecundos
en lo único que da fecundidad:
el amor.
Gozará, entonces,
de la sonrisa de Dios
que rocía el poema de su vida
en la eterna mañana.