6/3/22

CUANDO REPARE DIOS EN LAS MANOS DEL HOMBRE VII y X

 

 

Y mira mis surcos séptimo y décimo

en vigor primaveral

todavía.

 

No han madurado, pero no tuve la culpa:

yo

he muerto de hambre

con los niños de la India y con los de Biafra, Nigeria…;

está señalado en mi piel negra

el látigo del azote histórico;

muchacha adolescente de doce años, caí en las redes

de la trata de blancas;

anciano desamparado, sin hijos o

con hijos ausentes de su sangre,

he buscado en vano

un hogar exento de palabras hirientes

y de miradas calificándome de estorbo;

obrero de manos encallecidas, he contemplado

desde mi chabola

la estatura arrogante de los edificios que construí;

y más y más cárceles, nutridas de inocencia,

he tenido que padecer;

pero están maduros

mis séptimo y décimo surcos:

querría haber muerto de hambre

más veces;

haber sufrido la humillación de que el tendero no aceptase

la moneda legal de mis manos negras

más veces;

haber sentido el horror del prostíbulo

más veces;

haber mendigado un trozo de hogar

con mis pasos temblorosos de anciano

más veces;

haber sentido el menosprecio, la minusvaloración

de mis manos obreras

más veces:

toda la infinidad de veces que se clavaron, que se clavan

estas lanzas

en tu corazón.