¿Qué te pasa, sencilla violeta
que ha quedado apagada tu sonrisa?
¡Qué horizonte de sangre se divisa
con iras desgarrantes de saeta?
Tu Corazón intuye la silueta
del Hijo abandonado. Cada brisa
trae en sus alas gotas de precisa
forma de sangre cálida y concreta.
Virgen presente en el dolor del Huerto,
estrujas tu cariño tan despierto
y Te mueles con Él, granado trigo.
Fluyes sudor de sangre. Se hacen río
tus gritos besadores: “Hijo mío,
hágase en mí la Redención Contigo”.