Alzo mi voz por ellos, por los mendigos tristes
que arrinconan su alma en mudo desaliento.
La sombra de este siglo oculta su mirada
que arguye los motivos de la misericordia.
Estos pobres no caben en la ruda justicia
porque tienen el alma suave como mis plumas.
Estos pobres no saben desgarrar horizontes
porque son horizonte de paz que se difunde.
Estos pobres ignoran la codicia de los cardos
que apoya su esperanza, en su crecer de lanzas.
Son pobres solamente como las violetas,
que sin pedir, entregan sencillez aromada.
Pero estos pobres hablan, mendigan en la sombra
de tanto rico rico, de tanto rico pobre,
para gozar unidos del pan y la sonrisa,
sin leyes ni fusiles que dividan la sangre.
Estos pobres son hijos de la Buena Noticia:
viven en la experiencia del amor sin fronteras
pero en su carne roe una herida de sombra
porque los cardos crecen clavándose en los ojos.
Yo, ruiseñor mendigo, en la penumbra fresca
alzo mi voz por ellos y gorjeo su huelga.
Con ellos, os convoco a la fiesta del ser
que comparte la luz, el pan y la palabra.
