Tu hablas, Señor.
Nos hablas diariamente
en las cosas menudas que tocan nuestra existencia.
Y en las grandes;
en el silencio -a gritos de luz-,
de las estrellas;
en la montaña nevada
besando el limpio azul del cielo;
en el abrazo de los océanos
a nuestro planeta:
Este pobre planeta,
con pardo miedo de tierra seca
que tan tiernamente
agradece la caricia de la playa
y el contacto arterial
de los ríos
acicalando su rostro
con verde maquillaje,
gorjeando variedades
de peces marinos y fluviales.
