PUEBLOS
Y hablaré de vosotros todavía
más y más la palabra que me nacen
vuestras calles dormidas en silencio.
¿Por qué perseveráis? ¿Qué misteriosa
mano de fe escribe vuestras piedras
con descuido de toda geometría?
Los hombres huyen hacia el brillo gris
de la feliz ciudad de sus anhelos
y os dejan solos casi; permanecen
los ancianos con miedo a comprimir
en el tránsito urgente de la acera
su alma dilatada sobre el campo.
Permanecen los árboles sumisos
a la oculta raíz que los sustenta.
Permanece el silencio paseando
a lomos de los asnos lentamente.
Sólo el silencio cede la butaca
viva de piel humilde de los asnos,
a los
niños, amigos de los pueblos:
egoísmo inocente del silencio
para guardar cristales de sonrisa
y tener qué comer cuando las hambres
de soledad estéril le acometen;
y, cuando el miedo de la noche arrecia
y se afila en aullidos de la zorra,
el silencio se vale del ladrido
de los perros perdidos que le nacen;
pero siempre el silencio de los pueblos
custodia libertades y da pan
- acaso pan y agua solamente -
o juguetees sencillos, reza estrellas
de esperanza inmortal a los ancianos
y espera golondrinas y cigüeñas.
¡Siempre el silencio de los pueblos habla
de la huella de Dios reciente y pura!.