Todo es mío, Señor. Eres mi Padre.
Me abrigas en tu seno Trinitario;
me nutres con tu savia transcendente.
Dibujas las estrellas en mis ojos
y me las das para salvar mis noches.
Es tu omnipotencia a mi servicio
como calor de madre diligente.
Todo es mío, Señor. Tengo derecho
a volar con las alas de las aves.
y a trinar con la voz de su garganta.
Te digo “Dios” y, al pronunciar tu Nombre,
con júbilo de verso agradecido,
reconocen los seres inocentes
el señorío de mi amor filial.
Hijo tuyo, Señor. Por eso dueño
de todo lo creado. Lo poseo
desde el alba clarísima que habito,
desde la intimidad de mis latidos
latiendo para Ti, Papá querido.
