2/2/23

GRATITUD A LAS MISIONERAS CLARISAS DE SEGOVIA

 


Urgidas por la Luz de Jesucristo,

respirada en el aire de Segovia,

vais a Bolivia, Misioneras Claras,

a plantar con Francisco la Alegría.

 

¿Qué habéis sentido en vuestros corazones

cuando Dios en silencio os invitaba?

¿Qué impulso de palomas en los ojos

os alzaba a volar sobre los mares?

¿Qué locura feliz lleváis en andas

de la sonrisa virgen que os alumbra?


 

En el vergel de cada Monasterio

sembrasteis vuestras vidas generosas.

Habéis crecido tanto que ahora sois

espigas misioneras que se entregan.

 

La fértil soledad contemplativa

de vuestro corazón, abierto siempre,

dibujaba horizontes lacerantes

con niños sin hogar, con padres rotos,

con hambre retrasada en las pupilas

y con penumbras de ignorancia antigua.

 

Os sentisteis llamadas al saberlo.

Llamadas a cargar sobre los hombros

las alforjas de Cristo Misionero.

Llamadas a sembrar maternidades

de luz y de cariño franciscano.

Llamadas a escribir con vuestra sangre

un poema sencillo de Esperanza.

 

Ha llegado el momento del Envío.

La Iglesia de Segovia se comparte

con vosotras en tierras de Bolivia.

Vosotras sois la Iglesia, nuestra Iglesia

riquísima en matices y hermosuras.

 

Lleváis la “Dama de las Catedrales”

alzando en sus columnas de plegaria.

Lleváis la robustez del Acueducto

en galope de piedra al infinito.

Lleváis navegación en el Alcázar

por llanuras de surcos encendidos.

Lleváis la pluma mística de Juan

el de la Cruz y el de a Llama viva.

Lleváis los Monasterios entrañables

de nuestra tierra fértil en silencio.

Y lleváis el hogar, cálido siempre,

con la presencia de la Virgen Madre,

Señora de Segovia: La Fuencisla.

 

Mucha carga lleváis y muchas alas

para volar sin miedo a las estrellas.

Implantad el amor de Jesucristo.

Seguid siendo misión que nunca cesa.

Llevadnos con vosotras y sembradnos

en el recuerdo del amor fraterno.

 

Queridas Misioneras: Muchas gracias

por dilatar la Iglesia Diocesana

en vuelo universal de testimonio

Clara y Francisco viven y se obstinan

en hablar a los hombres del Buen Padre.

Siguen estando locos como entonces

cuando los hombres cuerdos se asustaban.

 

Gracias, Clarisas, Franciscanas Pobres.

Pequeñas en poderes de la tierra;

inmensas en poderes celestiales.

Hijas de Dios y hermanas de los hombres,

de los enebros y las mariposas.

Sembraréis filiación de gozo cósmico.

Daréis amor de temple franciscano.

Gracias anticipadas por los salmos

alzando los paisajes de Bolivia

a ser canción que alaba al Dios Humilde.

Gracias anticipadas por los besos

hechos plegaria densa de cariño

a los pobres que gimen desamparados.

Gracias, amigas. Estaremos juntos

en las noches oscuras y en el alba

del Reino del Amor y de la Esperanza.

 

(A Rosario, María Joaquín, Josefina y María Soledad, con amistad agradecida y honda)