Urgidas por la Luz de Jesucristo,
respirada en el aire de Segovia,
vais a Bolivia, Misioneras Claras,
a plantar con Francisco la Alegría.
¿Qué habéis sentido en vuestros corazones
cuando Dios en silencio os invitaba?
¿Qué impulso de palomas en los ojos
os alzaba a volar sobre los mares?
¿Qué locura feliz lleváis en andas
de la sonrisa virgen que os alumbra?
En el vergel de cada Monasterio
sembrasteis vuestras vidas generosas.
Habéis crecido tanto que ahora sois
espigas misioneras que se entregan.
La fértil soledad contemplativa
de vuestro corazón, abierto siempre,
dibujaba horizontes lacerantes
con niños sin hogar, con padres rotos,
con hambre retrasada en las pupilas
y con penumbras de ignorancia antigua.
Os sentisteis llamadas al saberlo.
Llamadas a cargar sobre los hombros
las alforjas de Cristo Misionero.
Llamadas a sembrar maternidades
de luz y de cariño franciscano.
Llamadas a escribir con vuestra sangre
un poema sencillo de Esperanza.
Ha llegado el momento del Envío.
La Iglesia de Segovia se comparte
con vosotras en tierras de Bolivia.
Vosotras sois la Iglesia, nuestra Iglesia
riquísima en matices y hermosuras.
Lleváis la “Dama de las Catedrales”
alzando en sus columnas de plegaria.
Lleváis la robustez del Acueducto
en galope de piedra al infinito.
Lleváis navegación en el Alcázar
por llanuras de surcos encendidos.
Lleváis la pluma mística de Juan
el de la Cruz y el de a Llama viva.
Lleváis los Monasterios entrañables
de nuestra tierra fértil en silencio.
Y lleváis el hogar, cálido siempre,
con la presencia de la Virgen Madre,
Señora de Segovia: La Fuencisla.
Mucha carga lleváis y muchas alas
para volar sin miedo a las estrellas.
Implantad el amor de Jesucristo.
Seguid siendo misión que nunca cesa.
Llevadnos con vosotras y sembradnos
en el recuerdo del amor fraterno.
Queridas Misioneras: Muchas gracias
por dilatar la Iglesia Diocesana
en vuelo universal de testimonio
Clara y Francisco viven y se obstinan
en hablar a los hombres del Buen Padre.
Siguen estando locos como entonces
cuando los hombres cuerdos se asustaban.
Gracias, Clarisas, Franciscanas Pobres.
Pequeñas en poderes de la tierra;
inmensas en poderes celestiales.
Hijas de Dios y hermanas de los hombres,
de los enebros y las mariposas.
Sembraréis filiación de gozo cósmico.
Daréis amor de temple franciscano.
Gracias anticipadas por los salmos
alzando los paisajes de Bolivia
a ser canción que alaba al Dios Humilde.
Gracias anticipadas por los besos
hechos plegaria densa de cariño
a los pobres que gimen desamparados.
Gracias, amigas. Estaremos juntos
en las noches oscuras y en el alba
del Reino del Amor y de la Esperanza.
(A Rosario, María Joaquín, Josefina y María Soledad, con amistad agradecida y honda)
