Y, desde aquel instante, se hizo vuelo
la mansa transparencia de la brisa.
Quedó aroma de rosa en la sonrisa
y aroma de Dios mismo y de su cielo.
Quedó la Plenitud besando el suelo.
Quedó la luz purísima y precisa.
Quedaste Tú, ¡oh Virgen poetisa!,
escribiendo poemas de consuelo.
Todo quedó tan rosa y tan abierta,
que nadie ignora dónde está la puerta
para entrar en la Vida transcendente.
Y todo porque un día se hizo estrella
tu corazón de rosa, pura y bella,
dando a luz a la Luz perpetuamente.
(A Nuestra Señora del Rosario, Virgen Rosa)

