Los hombres,
como abejas despistadas en la lluvia,
divagaban
de soledad en soledad.
A veces la tierra
enlodaba sus alas
en ansia lujuriosa
de terrificarlos
antes.
Los hombres,
como abejas despistadas en la lluvia,
divagaban
de soledad en soledad.
A veces la tierra
enlodaba sus alas
en ansia lujuriosa
de terrificarlos
antes.
Soy pobre. Has de salvarme gratuitamente.
Toda mi vida luchando para amarte
y me encuentro al final con las manos vacías de amor.
No hallo en el archivo de mis obras ni una digna de Ti.
Todas están manchadas de mí:
todas tienen la penumbra de mis vanidades, de mis furias, de mis fragilidades.
Nada tengo, nada soy.
Los motivos para temblar me asedian como mastines iracundos.
ESPERANZA INICIAL
“Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo. Éste te aplastará la cabeza y tú le acecharás el calcañar” (Génesis 3, 15)
con “Palabra de Dios” hecha promesa.
La carne pecadora ya no pesa
y un rostro de mujer alza su frente.
Eva tiembla de gozo, llora, siente
en su seno de madre, nieve ilesa
que sus entrañas rotas cura y besa
y hace fecunda redentoramente.
En la sangre de Eva se pronuncia
una palabra niña que le anuncia
esa luz, esa nieve, esa esperanza.
Hay un silencio de misericordia;
el amor paternal se hace concordia:
ESTÁ NACIENDO DIOS EN LONTANANZA.