Ser santo, Señor, a tu manera.
Tu manera de artista consumado
extrayendo la forma
del tronco indefinido.
Tu manera de reja fecundante
cuando labra la tierra.
Tu manera de abrazo que dibuja
la cruz en las entrañas.
Tu manera de sangre, de agua viva,
de luz total, de corazón abierto.
Tu manera de amor a toda prueba.
Ser santo, a tu manera:
permitir que tus planes me suspendan
en el abismo de la noche oscura;
hundir mi mano niña en el silencio
de tu mano infinita y elocuente;
quedar en abandono sosegado
porque Tú me contemplas y me cuidas.
Ser santo a tu manera; ser de cera
en tus dedos calientes.
Aunque haya de talar árboles altos
nacidos en mis sueños;
aunque haya de secar ríos gozosos
con molinos cantando;
aunque haya de morir sin saber cómo,
ni cuando, ni por qué mi sangre muere.
Ser santo a tu manera: ir esculpiendo
tu forma en mí, sin mudas rebeldías;
ir adquiriendo tu mirada amante
a los hombres, al mundo;
vi entregando todos los minutos
en labores ocultas acabadas;
vi sembrando tus flores en la orilla
de todos los caminos;
vi amando sin cálculos avaros;
vi viviendo de Ti, de tus latidos
eternamente vivos dando Vida.