Hubo días, en que te pronunciaba
y morían en mí los horizontes,
los pájaros desnudos de mi alma
agonizaban con pensarte sólo.
Hubo días de luto presintiendo
desamparos en ti si me llamabas
para enterrarme en tus arterias densas.
Hubo días, en que te pronunciaba
y morían en mí los horizontes,
los pájaros desnudos de mi alma
agonizaban con pensarte sólo.
Hubo días de luto presintiendo
desamparos en ti si me llamabas
para enterrarme en tus arterias densas.
Gargantas masculinas desgranando
pétalos del clavel en sangre viva.
Nostalgia primavera que cautiva
mariposas de luz que están llorando.
Artes y ciencias se desposan cuando
vuestro chorro de voz a la deriva
se sumerge en el lago de la esquiva
niña que espera en éxtasis soñando.
Sois fulgor de esperanza y cataclismo
estela oscura de romanticismo
que consume rendidos corazones.
Encendéis generosos vuestra leña
esparcida en la acera madrileña
para que vivan todos los gorriones.
Se ha dormido la historia en tu regazo
declamando, dormida, sus latidos.
Relicario de ojos encendidos
que atraparon la luz en cada trozo.
Entre el hoy y el ayer eres el lazo
que desposa las flores y los nidos.
Apelas bellamente los sentidos
y floreces en ellos el abrazo.
Manos de llama te dejaron huellas
condensaron en lienzos las estrellas
que en silencio de luz lloran y rezan.
Eres rincón de vuelos y cristales
relicario de limpios manantiales:
callada inundación de la Belleza.
Fugitivo salí de no sé dónde
y en el vuelo inocente de mi huída
entre tus calles se encontró perdida
mi alma que, si llamo, ya responde.
No sé si fui villano o si fui conde;
si florecen amapolas en mi herida
sólo sé que encontré por fin, la vida
y que mi corazón ya no se esconde.
Sé que mis hombros ya no llevan carga
de envidia provinciana y luz amarga
de ojos que me ponían zancadillas.
Puedo volar por todo el universo
puedo fluir la sangre de mi verso
reclinado en la paz de tus orillas.
Ese hombre simétrico que calza
soles negros de piel y sobresalto,
que calcula los baches en la acera
para ganar segundos fugitivos,
que oculta el corazón entre las manos
acostumbradas a morir en cifras;
esa joven que siente primaveras
por la cascada de su pelo rubio,
y deja que sus alas se embriaguen
en mañanas azules de esperanza;
ese niño de pájaros inquietos
que aprovecha rincones de plazuelas
para soltar sus piernas y su alma
tras la dócil esfera que le invita;
ese anciano que lleva las espaldas
densa carga de sueños iniciados;
esa madre que abraza henchida bolsa
de colores domésticos en germen;
ese alzar hormigones y ladrillos
para clavar espadas verticales;
ese reloj de esfera macilenta
que amenaza llegar sin concesiones;
ese latir del tiempo por tus venas,
Madrid, juguete de tenaz galope;
¿qué es? ¿adónde va? ¿cómo se canta?
Recorro España, sus arterias sanas
en ti, Madrid, hablando con los hombres.
Sé que eres andaluz sin que me nombres
mezquitas de color o sevillanas.
Sé que rezas olegarias castellanas
y ahondas los barbechos de los hombres
claro Quijote gestas nuevos nombres
en locuras austeras y tempranas.
Sé que vienes del mar y que te bañas
en los mares de todas las Españas
hechos en ti anhelos y desvelos.
Sé que salvan fronteras tus amores
y en humano paisaje tus colores
plasman hermoso cuadro desde el cielo.
Tu pecho se dilata velozmente
y tus arterias grises son caudales
de metal encendido cuando sales
en busca de la hierba y de la fuente.
Quienes bañan el aire y sol tu frente
enferma con la sombra de tus cales,
huyes hacia silencios forestales
y en soledad diálogos con tu mente.
Me complace con júbilo de amigo
verte sencillo caminar conmigo
inaugurando flores y mañanas:
Si toda nuestra sangre tiene acceso
a sentir el calor de agreste beso,
la justicia y la paz florecen sanas.
Tal vez mi soledad, torre doliente,
esté llagada de estelar locura.
Es nociva, tal vez, esta aventura
de voltear campanas en mi fuente.
Busco evasión de sueño en tu corriente
río espeso, Madrid, y la amargura
de mi niño rebelde no inaugura
tus peces de color, hechos presente.
Campanas me repican en las venas.
Campanas me florecen en los ojos
campanas me galopan por las lomas.
Campanas tercas son estas cadenas
que encarcelan mi alma en los rastrojos
encendidos con vuelo de palomas.
Estrellas encauzadas
estrellas niñas de laboratorio.
Os posáis en arbustos de metal
y anidáis, hechas llama entre los hombres.
Autoridad de luz, sólo de luz;
sin sonidos ni gritos nos mandáis;
Tal vez sólo apeláis a las raices
de la conciencia humana soterrada.
Así mi corazón como tu mano,
enorme mano, corazón enorme;
así, Madrid, mi corazón se forme
grávido seno de latir humano.
Siempre gestando en mi, siempre cristiano,
abierto a la esperanza que transforme
siempre cálido hogar, siempre conforme
con vivir y crecer hacia el hermano.
Si la carga te agobia y te suicida,
si te cansas de ser madre encendida,
si te hieren derribos y desmontes,
siémbrate a las flores, llama a las alondras
mezcla en tu sangre vegetales frondas,
pero nunca admitas horizontes.
Leve carga de luz y de esperanza
llevas en tu regazo niquelado.
Tu corazón de hierro doblegado
late roncos gemidos cuando avanza.
Los niños improvisan bella danza
al temblor de tu impulso y tu frenado,
y tu aliento de humo liberado
canta su nube azul que al cielo alcanza.
Autobús del colegio, hogar de paso
que cobijas de lluvias y de hielo
en tu nido de técnica y cariño,
sé siempre fiel, no llegues con retraso
a la cita inocente del anhelo
y si tienes un hueco…soy un niño.
Soy con vosotros, niños del deseo
envueltos en la urgencia del oficio.
Algo en común tenemos: este vicio
de soñar con el mar como trofeo.
No sé si el mar que en vuestros ojos veo
es el mar de mi amor fuera de quicio,
no sé si esta locura es el inicio
de una amistad que en verso escribo y leo.
Pero de carne somos, caminantes
con equipaje humano de belleza
tenemos en común sufrido y sonrisa.
Abrámonos la puerta cuanto antes;
los niños solos mueren de tristeza
si a los niños salvamos hay prisa.
Van muriendo tus células antiguas
con olor a sainete entre sus cales.
Las máquinas, cigüeñas de metal
picotéan paredes tennazmente,
y gimen esqueletos indefensos
en rebelión de gritos hechos polvo.
mar dilatado en loca geometría;
Madrid de luz herida a mediodía,
ebrio en la noche de la luz contraria;
Madrid de sangre gris, hecha plegaria
en el cemento de melancolía;
Madrid estrella enferma de alegría
inundada en su propia luminaria;
Madrid vasija llena que se ensancha,
madre paciente de hijos infinitos,
hijos de orfandades de amapola;
Madrid que late siempre en avalancha
inundada de sueños y de gritos
en ti, feliz, mi corazón se inmola.